Pues ya hemos vuelto del festival Les Nuits Botanique. Increiblemente cómodo y bien organizado, aunque hay que tener en cuenta la forma de ser de los belgas, que hacían la cola más recta que he visto en mi vida para pedir las cervezas. Nada que ver con los tumultos en las barras de cualquier concierto en España. Lo bueno que tiene, es que son tan educaditos, que cuando nos colamos (inconscientemente, of course) asombrosamente, nadie nos apaleó.