mar, 04 dic 2007 - Conway
En la muy recomendable Nueve Reinas, Ricardo Darín explica con una exquisita economía verbal el implacable mercadeo que caracteriza nuestro mundo. Todo se compra y todo se vende, sólo es preciso que las dos partes implicadas alcancen un acuerdo en lo que respecta al factor determinante de toda operación: la pasta. "Aquí sobran putos, lo que faltan son financistas", le espeta el experto timador a su aventajado alumno en la cinta de Fabián Bielinski.Nadie se salva de caer en las garras del dólar o del euro, ahora que éste vive un momento dulce. Todos tenemos un precio, y sólo hace falta que nos enseñen el correspondiente fajo para acudir raudos y veloces, con el rabo en movimiento, a cumplir las órdenes de nuestro ocasional amo, perdiendo de paso la dignidad y la compostura.
No quiero acusar a nadie directamente, pero todo esto me vino a la cabeza cuando anunciaron, hace ya unos meses, que Martin Scorsese, quizá el mayor genio que el cine ha dado en los últimos 35 años, sería el encargado de rodar el anuncio con el que una conocida marca de cava nos felicita las Navidades cada año (y de paso nos indigesta las cenas con las empalagosas puestas en escena de los spots, sus burbujitas doradas y sus estrellas de medio pelo chapurreando un infame castellano).
Es decir, justo el año en el que la Academia de Hollywood reconocía el inmenso talento del pequeño Marty con una de sus películas menos personales, el director italoamericano aceptaba la propuesta de una firma catalana para rodar una minúscula pieza que puede verse, casi exculisvamente, a través de Internet. Son las cosas del mercado.
De cualquier modo, y aunque el término mercenario se ajuste con bastante propiedad a este caso, es justo reconocer que no se ha limitado a cumplir el expediente y a elaborar un producto ramplón. Scorsese, enorme cinéfilo, ha optado por rendir un homenaje sincero a uno de los más grandes (en todos los sentidos), Alfred Hitchcock. Todo un ejercicio de estilo con constantes guiños a su filmografía y que termina con un impagable plano final en el que funde dos de sus incontestables obras maestras: La ventana indiscreta y Los pájaros.
Así que ya saben, si quieren disfrutar de esta obra de encargo con aroma del mejor cine de autor, sólo tienen que pinchar aquí.
