sáb, 08 dic 2007 - Conway
La literatura de Javier Marías no es apta para todos los gustos. Es difícil de explicar, pero al leer alguna de sus novelas te das cuenta de que estás delante de un tipo de los que se dice que posee un "estilo propio", es decir, un conjunto de señales, de tics formales, que cualquiera medianamente atento es capaz de identificar y descodificar. Su prosa nunca es recta, directa. Se dilata y se contrae sin dar ningún respiro al lector, obligado siempre a ir a rebufo de las kilométricas frases que salpican sus obras. Es un escritor, además, llamémoslo culto y, sobre todo, orgulloso de serlo, incapaz de dejar pasar ninguna ocasión para demostrarlo. En una época en la que nuestro vocabulario vive amenazado de muerte y repetimos las mismas palabras para referirnos a las más diversas realidades, toparse con alguien capaz de utilizar el término apropiado en cada situación se agradece.
Recuerdo que el primer libro suyo que cayó en mis manos fue Corazón tan blanco, al que siguieron Mañana en la batalla piensa en mí, Todas las almas o Los dominios del lobo. Una colección de títulos soporíferos para muchos y fascinantes para otros tantos, y que al menos tienen la capacidad de despertar en todos ellos algún tipo de emoción.
Durante los seis últimos años, Marías se ha dejado la piel en una extensísima novela titulada Tu rostro mañana que ha dividido en tres volúmenes. Más de 1.500 páginas que ha cerrado hace tan sólo unos meses, cuando por fin ha publicado el volumen que pone punto y final a la historia de su protagonista, Jacobo, o Jacques, o Jaime Deza. En Veneno y sombra y adiós terminamos de conocer a este colaborador ocasional de una organización secreta británica ligada al MI6. Su capacidad de ver en los ojos de los demás el comportamiento que tendrán en el futuro, sus deseos, sus temores, le convierten en una pieza muy apetecible para ese misterioso entramado.
Éste no es, sin embargo, más que un telón de fondo que utiliza para escribir acerca de lo que de verdad le interesa: la venganza, la traición, los engranajes que mueven el poder, la identidad, el caínismo tan habitual en nuestro país... Una ocasión inmejorable para reflexionar sobre todos ello... o un perfecto somnífero para las largas noches de invierno que se nos avecinan. Ustedes deciden.

Yo lo he intentado. Y no soy soy público apto.
En el fondo, soy una inadaptada.
Escrito por Ultrasónica el lun, 10 dic 2007
Tranquila, Ultrasónica. En realidad, hay muchos más en su posición que en la mía. El inadaptado soy yo.
Escrito por conway el lun, 10 dic 2007