mié, 30 ene 2008 - Conway
Excesivo es uno de los adjetivos más acertados que pueden aplicarse a Charles Bukowski. El término medio, en cualquier faceta de su atropellada vida, era algo que no encajaba con su personalidad. A la hora de beber, bebía como el que más, hasta alcanzar cogorzas de dimensiones nunca antes vistas. Cuando llegaba el momento de armar gresca, mejor que te pillara debajo de la silla, y al apostar en el hipódromo, una de sus grandes aficiones, lo hacía hasta perder la camisa.
Afortunadamente, el exceso también era su seña de identidad ante la máquina de escribir. Los cientos de poemas que salieron de este californiano nacido en Alemania así lo manifiestan. Según aseguraba, hasta los 35 años no compuso (quizá sea una manera demasiada complaciente de calificar su trabajo, más que componer, escupía) sus primeros versos. Hasta su muerte, aparte de cinco novelas protagonizadas por su otro yo, el inclasificable Henry Chinaski, no hizo otra cosa sino escribir poesía, con una botella de vino al lado y el sonido de la música clásica escpando de su radio.
Cierto que su estilo, cómo llamarlo, heterodoxo, alejado de la métrica y los academicismos, no lo hace el mejor ejemplo de estudio en los colegios. En realidad, muchos de sus textos no son sino pequeños relatos embutidos en versos sin aparentemente ninguna lógica interna. Líneas protagonizadas por alcohólicos que pasean sus borracheras de barra en barra y por prostitutas apaleadas por la vida y tambien por sus chulos. Lo sórdido, lo infecto, lo terrible de la condición humana. El dolor, la miseria, el abatimiento, la desesperanza y la muerte. Elementos del trabajo de Bukowski, que, de cualquier modo, jamás renunció a un humor sardónico y a veces despiadado con el que enjugaba el amargor que desprenden las páginas de sus libros.
Leyendo Lo más importante es saber atravesar el fuego, una recopilación de poemas inéditos que dejó preparados para su publicación justo antes de su muerte, vuelvo a reencontrarme con un escritor libre y alérgico a los reconocimientos públicos, pero que ha conseguido, seguro que a su pesar, un ejército de admiradores (e imitadores) de los que renegaría con alguno de sus célebres exabruptos.

Bukowski es simplemente genial.
Escrito por Ex-Kowalinsky el mié, 30 ene 2008
Ando repasando "La máquina de follar"
Genial
Escrito por martin el mié, 02 abr 2008