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Cine

mar, 05 feb 2008 - Conway

Si deslizan hacia abajo la barra situada a su derecha, esa que les permite moverse con total libertad por cualquier página web, llegarán en apenas unas décimas de segundo a la crítica, o comentario, o divagación (como quieran llamarlo) que la señorita McGuffin hace de la recientemente estrenada Juno. La película de la que hoy vengo a hablarles es algo así como el reverso oscuro del film protagonizado por Ellen Page. Una mirada siniestra, turbia y desgarrada a los embarazos no deseados, que afectan tanto a niñas sabihondas-suburbiales-miembros de familias disfuncionales norteamericanas como, en el caso que ahora nos ocupa, a jóvenes estudidantes rumanas durante la brutal represión de Ceaucescu.

El punto de partida, pues, es el mismo. El desarrollo, completamente diferente. 4 meses, 3 semanas, 2 días, muestra la difícil situación que vive Otilia, embarazada a su pesar y obligada a abortar en un lugar y en un momento (la Rumanía de los años ochenta) en los que eso significaba la cárcel.

El mayor acierto de la película es la manera en la que el director logra transmitir la sensación de agobio que origina el hecho de vivir en una sociedad totalitaria. El constante miedo hacia tu vecino, o hacia quien ocupa el asiento contiguo en el autobús, la posibilidad que planea cada segundo de que cualquiera te denuncie a una Policía omnipresente, la sensación de no ser más que un monigote en manos de los designios de un ente superior.

Otra razón para dejarse los euros en taquilla es admirar la composición que realiza Anamaria Marinca de su personaje, el de la amiga de la embarazada dispuesta a todo por ayudar a su compañera, a costa de verse envuelta en un asunto en el que, hay que reconocerlo, la mayoría de nosotros se limpiaría discretamente las manos.

La película nos sirve, además, para descubrir el cine rumano. Confieso que he estado haciendo memoria y no he conseguido recordar ningún título procedente de los Cárpatos y alrededores (aprovecho para solicitar ayuda y reparar esta lamentable carencia). Supongo que será una excepción a la norma, porque de ser una muestra del trabajo que llevan a cabo en la tierra de Hagi nos estamos perdiendo una cinematografía excepcional.

Una última cuestión. Les dejo el enlace a lo que escribía hace mes y medio acerca de los premios Goya y La soledad. Un prodigio de clarividencia que deja en mantillas al mismísimo Nostradamus y me ratifica como el digno sucesor de Rappel.

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