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mié, 13 feb 2008 - Don Mazinger

La última entrega de los premios de la industria del cine español dejaron una sonada sorpresa que reivindica otra forma de entender lo audiovisual, alejada del efectismo y las producciones más comerciales para otorgar una nueva (otra más) oportunidad a una suerte de realismo descriptivo. Algo que bien podría llamarse cine contemplativo o nuevo naturalismo del cine español se ha alzado con las principales categorías de los Goya (director y mejor película entre ellas), premios que no son de la crítica ni de oscuros y eruditos cineclubes, sino de la industria; algo que me resulta muy osado, quizás valiente, pero sobretodo paradójico. La soledad, de Jaime Rosales, apenas había sido vista en las salas por 40.000 espectadores desde que fuera estrenada en junio del pasado año. Y en un solo fin de semana, después del pelotazo goyesco, hace la mitad de la caja que tardó en recoger siete largos meses de peregrinación.

Desde luego, el valor cinematográfico de la cinta merecía algo más de suerte de la que estaba cosechando, pero el premio gordo que le ha caído es mucho más de lo que puede acreditar. Un síntoma de que algo va mal en las cocinas del cine español (el diagnóstico viene de lejos), bien porque no había nada mejor que ofrecer como plato principal, o bien por un simple ataque de esnobismo. En mi opinión, platos como El orfanato conformarían un buen menú, pero eso es otro tema.

Las parsimoniosas escenas que ejecuta el reparto de La soledad se mueven con igual facilidad entre la farsa de una conversación improvisada de salón al estilo de los anuncios de detergentes que pretenden ser realistas y un dramatismo tan desgarrado y auténtico, que duele. Este vaivén ofrece un resultado desigual, quizá por aproximación a la vida misma, donde muchos mediocres se pasean junto a seres que hacen algo más que agotar su existencia. Es por eso por lo que sobre el resto destacan las sorpresas interpretativas de Petra Martínez (en su papel de mujer madura, madre de tres hijas y viuda) y José Luis Torrijo (que se llevó el Goya al actor revelación). Y es por lo mismo por lo que se mezclan momentos muy poco creíbles con vivencias llenas de verdad arrolladora.



Pero es tanto el empeño de Rosales por ofrecer un tapiz de verdades vitales, que los grandes momentos dramáticos de la historia quedan diluidos entre la consecución de secuencias de pura contemplación. Cuando caen los créditos del final, tras más de dos horas, el espectador tarda en reaccionar, hundido en la butaca, como a quien le dan una bofetada que muy bien no sabe de dónde ha salido.

Veo a La soledad, en definitiva, como una pequeña buena película, llena de propuestas interesantes, con intención de arrojar mucha luz sobre los recovecos oscuros de la naturaleza humana, pero con un ritmo narrativo y una puesta en escena excesivamente áridas como para hacerla accesible al gran público, y por lo tanto, bajo mi humilde punto de vista, de incomprensible éxito entre los académicos que votaron por ella. Sirve La soledad, en cambio, para consolidar un movimiento de cineastas pausados, reposados y contemplativos, representado por Víctor Erice, José Luis Guerín o Marc Recha, que de saber dar con los grandes temas y conectar con el espectador (binomio necesariamente indisoluble) contribuirá decisivamente a la transición desde el eterno cine experimental español al nuevo cine español

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Mira lo que han dicho los que llegaron antes que tú:

  1. Don Mazinger, espero que escriba usted aquí muchas veces más para aumentar (si se puede) la calidad suprema de Mandarina. Estoy muy de acuerdo con tu visión de la película y también sobre lo que la rodea (Los Goya).
    ¡Tú sí que vales! ;D

    Escrito por Lau el mié, 13 feb 2008

  2. vaya, un chico nuevo! qué interesante. Yo que soy una valiente audiovisual iré a ver la película, hay algo en la crítica que me induce a ello...

    Escrito por sadieblackeyes el mié, 13 feb 2008

  3. Muchas gracias por la bienvenida

    Escrito por don mazinger el jue, 14 feb 2008

  4. Bien bien bien...¡gran descubrimiento, aunque no me guste su pseudónimo! Me gustaría que poder disfrutar de sus comentarios su opinión sobre películas populares ¿qué te parecería Cirano de Bergerac? ¨

    Escrito por Sorprendida el vie, 29 feb 2008

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