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Música

jue, 14 feb 2008 - El Abuelo

Investigar a lo largo de cualquier cancionero tradicional, sea asturiano, castellano o de Monforte de Lemos, reinventarlo y actualizarlo estaréis conmigo en que, como mínimo, tiene su miga. Cualquier intento corre el riesgo, si no se hace con cuidado y conocimiento de causa, de resultar frívolo y vacuo, náufrago y carente de sentido. Asumo que a gente como Nick Cave, The Pogues o el mismísimo Tom Waits les haya funcionado a lo largo del tiempo, y que incluso es más que coherente destacar al folk anglosajón como padre -y madre- del rock y el pop más actuales, pero imaginárselo a la española con romances, cantares de ciego, añadas o villancicos es una experiencia, como primer trago, arduo difícil.

Afortunadamente la propuesta que Lucas 15 -con Xal Pereda a la cabeza- nos presenta tiene entidad y presencia suficiente como para pasar con nota la prueba. Saltándose el escoyo de las letras en asturiano -algo lógico teniendo en cuenta que el folkclore investigado es el del Principado- cualquiera de las canciones puede pasar por una canción con vigencia y actual, aunque si al árido roce del deshábito que Xal Pereda se presta a ofrecernos le añades el rock desangelado de Nacho Vegas, nos encontramos ante un disco que presenta una enfrentada dualidad: Mientras Pereda enfoca el proyecto más hacia el contenido, hacia el rescate de unos sonidos antiguos, de una tradición oral que apenas ya se trasmite de boca en boca, convirtiéndose en un Paco Ibáñez o en un Joaquín Díaz actualizado y asturianizado, Nacho Vegas se centra más en hacer más vívidos -si cabe- los sonidos y parajes en que transcurren las historias que se cuentan.

Nos encontramos así en el mismo disco con canciones cargadas de ternura, sencillas, sin demasiados arreglos como Los fageos de Mayo o Con tomillo o romero, frente a otras como No hay tal andar o Romance de la Pola que se mueven por terrenos fanganosos, cargados de melancolía, dolor y violencia. Las primeras son canciones luminosas, con luces y color, que da la impresión incluso de ser inofensivas. Las segundas raspan en la primera y en la decimoquinta escucha.

Romance de la Pola, por ejemplo, guarda la esencia de cualquier western o de cualquier historia de amor fatal. A la asturiana, por supuesto. Guitarras que describen parajes desolados acompañadas de notas deslabazadas de piano a las que, casi a la final, se une un coro de voces que dota de intensidad al conjunto. Como si estuviéramos a las puertas de un duelo. El sacauntos de Allariz es una canción de rock sucio, pervertido, cargado de distorsiones, ruidos y megafonías que narra, descarnada y fría, la historia de un asesino. Se emplea un tono descriptivo, de novela, desde un punto de vista, musicalmente hablando, muy industrial y pesado, acorde a la narración.

En definitiva, el de Lucas 15 es un buen disco que hay que coger dentro de un contexto, el de la investigación etnológica traspasada al campo de la creación artística, sin grandes referentes nacionales con los que poder compararse. Hay que tomarlo así tal cual, con pinzas, vacío de prejuicios y las orejas bien abiertas.

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