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Música

vie, 15 feb 2008 - Paranoid

De repente, va y aparece una banda. Nothink, se llama. Un grupo más, de esos que debutan con un álbum alabado por la crítica, escuchado por unos cuantos y conocido por todo al que le preguntes. Pero resulta que a ti también te gusta, que te parece brillante y piensas en que habrá un segundo, seguro. De aquel Bipolar Age (2005) surgió una identidad, un nombre que sonaba a rock, a fuerza y a atracción. Y no portaban la bandera de la sempiterna cantera nórdica, ni del Reino Unido ni de EE. UU. Venían de Madrid, de locales de ensayo en el Metro y salas pequeñas y sudorosas.



El ejercicio de adivinación funcionó a la perfección y el segundo trabajo llegó puntual, en el momento justo, a finales de 2007. Spotlights, así se titula el disco, aparece sin disimulo y no cosecha más que buenas palabras. Parece que no sólo supera a su predecesor sino que encima puede con la responsabilidad y consolida a sus creadores. Dicen también que es rock, que las guitarras campan a sus anchas y la batería marca el ritmo con decisión. Pero es que además comentan que aparecen conatos de cuerda cuya integración no puede pasar inadvertida.

Nothink

Así que te decides a escuchar el LP mientras las expectativas se elevan como el globo que arroja por completo su lastre. Con lo primero que te encuentras es con The red carpet. Violines, guitarras, punteos, profundidad y percusión envolvente en poco más de un minuto que ofrecen una perspectiva inmejorable de lo que sigue. Además, es instrumental. ¿Pero eso no se lo reservaban los clásicos? Últimamente también abrieron así Placebo o Porcupine Tree, pero no es la norma. Produce, por lo menos, curiosidad por descubrir el resto de canciones.

Cuando has recorrido el disco de principio a fin piensas en todo lo que te han transmitido al respecto y te das cuenta de que, en general, las críticas no iban desencaminadas. El conjunto se caracteriza por el hecho definitorio de que Nothink ha conseguido mezclar, en alquimia perfecta, aspectos del rock de siempre con notas diferenciadoras que ni alejan a los puristas ni dejan indiferentes a quienes buscan la novedad.

Foo Fighters es el primer grupo que aparece como conexión automatica al oir Spotlight, pero lo hace rodeado por infinidad de detalles: Unfinished Sympathy (la voz de Juan Blas se asemeja), toques de Sonic Youth, algún momento de Massive Attack en los pasajes melódicos e incluso Audioslave en depende que punto. Aliñado, claro, con ese tipo de ingredientes que desvelan una banda acostumbrada al estudio, con recorrido y madura. Cuando todo esto se consigue en el segundo intento (mejor dicho, se confirma en el segundo intento), no cabe duda de que es una buena noticia.

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