dom, 17 feb 2008 - Lourdes
Partamos de una premisa comercial: Dentro del marketing más ancestral hay dos teorías, la del push, y la del pull. La del push viene a decir que si sabes presionar, el mercado es capaz de tragarse lo que le metas. Una especie de garganta profunda, vaya. La del pull viene a decir que primero hay que prospectar qué necesita el mercado, y posteriormente ofrecerle algún tipo de solución. La primera es agresiva, y la segunda no tanto (se supone que la demanda tira del producto).
Pues bien. Toda esta parrafada viene a colación de que ayer me tragué como una bendita Jumper, y todo porque hace unos días, cuando fuimos a ver Juno, vi el trailer, cargado de acción y efectos especiales, y me hice la paja mental de que iba a ver una de esas películas que merece la pena ver cargada de palomitas y cocacola disfrutando como una enana.
Pero no. Demasiado autobombo. Demasiada estrategia pull. Mucha promoción en marquesinas, mucho trailer en internet, muchas escenas precisas que hacen que la imagen que proyectes sea radicalmente distinta a lo que la película es en realidad.
Porque Jumper no hay por donde cogerla. Es la típica cinta enfocada a adolescentes de catorce años, e incluso más jóvenes, que pueden pasar la tarde del sábado viendo una película en el cine mientas sus padres disfrutan del remanso de paz que supone no tenerles en casa. Porque es que no tiene nada. Al salir del cine comentábamos que un dispendio de efectos especiales como los que se gasta la película podía haber dado juego a algo mucho más interesante con solo esforzarse un ápice con el guión. Pero es que yo creo que ni lo haya. Guión, digo.

En ningún momento te involucras en la historia y mucho menos puedes creerla. Los diálogos son ridículos, forzados y de una previsibilidad absoluta. No hay una explicación previa de por qué el protagonista tiene el don que tiene, ni mucho menos entiendes cómo acaba con un final en el que te están diciendo a gritos eh, que va a haber una segunda parte, estad preparados.
En otras películas de superhéroes que he visto se esfuerzan mucho más en explicar quién es el personaje que hay detrás del superpoder, por qué lo tiene y qué puede hacer con él. Aquí no. David Rice, que así tiene a bien llamarse el protagonista, descubre que puede teletransportarse de un lugar a otro del planeta con solo apretar un poco el culo y ahí se queda la cosa. Un elenco de saltos desde Nueva York a Tokio pasando por las islas Fidji o Egipto. Localizaciones asombrosas y nada más. La historia que viene después, con un Samuel L. Jackson haciendo el papel de paladín que intenta acabar con los jumpers, no tiene ni chicha ni limoná, y como he dejado entrever en el párrafo anterior, el final es de los más ridículos que he visto en mucho tiempo.
No perdáis un ápice de vuestro tiempo en ver algo tan zafio como Jumper. Gastad el dinero en algo de mucha más utilidad, que hay millones de cosas por ahí que merecen más la pena.

Es la peor película que he visto en mucho tiempo despúes de Rocky.
Escrito por Ultrasónica el dom, 17 feb 2008
de acuerdo... yo esperaba ver una película de superheroes al uso... lo la introducción a un comic de superhéroes sin moral.....
Escrito por halo el lun, 18 feb 2008