jue, 21 feb 2008 - El Abuelo
Por mí, que lo sepáis, no publicaba esta crítica. O me limitaba a cortar y pegar la nota de prensa, que tampoco estaría mal visto. Y es que sé que gran parte de lo que escriba no lo voy a hacer a conciencia, o voy a hacerlo con una gran carga de dudas.
Llevo toda una semana escuchándome Óxido, el esperado larga duración (¿a los discos aún se los llama así?) de Xabel Vegas. e intentando escaquearme de mala manera de escribir al respecto. De todos es sabido cuán bien apreciada es por estos lares la familia Vegas, en especial Nacho: hace unos días hablábamos de Lucas 15, poco antes del concierto en La pasarela Cibeles... y remontánonos un poco más en el tiempo, aproximadamente, un par de meses, creo, me sentaba yo frente a este ordenador a comentar el buen sabor de boca que me habían dejado Canciones sobre traiciones y mentiras, el primer minicedé de Xabel: directas, eléctricas, con letras arrasadoras y dignas herederas o alumnas de las de su hermano Nuestra sociedad secreta o Simpatía por el débil, por decir dos de las cinco que lo componían, se colaban por méritos propios en la selección de -en mi opinión, por supuesto- los mejores cedés del año pasado.
Ahora en cambio los sentimientos encontrados se reunen alrededor mío para cargarme de dudas a la hora de opinar sobre Óxido, lo que, supongo, no es un buen síntoma en sí mismo. Óxido y el minicedé que le preceden no se parecen en nada. Si en el anterior las canciones tenian un ritmo intenso y una fluidez asombrosa, en éste las canciones van transcurriendo muy lentas, atascadas a veces, dando la impresión a lo largo de sus nueve cortes que no termina de arrancar y con el handicap de parecerse en demasía las unas a las otras.

Cierto es que a medida que el disco acumula escuchas gana en matices. Allí donde días antes sólo veías a un Xabel Vegas lento, como si estuviera dando el mítin, alargando innecesariamente canciones (los más de siete minutos de Enciéndeme son de juzgado de guardia) empiezas a ver pequeños detalles que dotan al conjunto de solemnidad: a veces un premeditado aire crispado a base de sonidos turbios, armónicas que evocan sonidos americanos, juegos de baterías que ganan por momentos solemninad...
Supongo que en el fondo se puede resumir Óxido como un disco complicado de digerir al que hay que acercarse con paciencia y sin muchas expectaciones, y sin caer en el error de andar comparando, solo evaluándolo por sí mismo, sin echar la vista atrás. Quizás sólo desde estas premisas se sabe valorar lo bueno que en él ahí. A mí me ha costado, pero creo que al final lo estoy consiguiendo.
