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Música

vie, 22 feb 2008 - Paranoid

El concepto de inclasificable suele lanzarse con toda la banalidad del mundo en cuanto cualquier juntaletras, como dice Conway, se encuentra con algo o alguien le resulta complicado de normalizar. Eso no quiere decir que lo sea. El universo podría no ser infinito, simplemente no conocemos el final (tampoco sabemos, por tanto, si lo es o no). The Mars Volta no es inclasificable, simplemente, yo no sé en qué categoría incluirle. Y así comienza este comentario, de una manera vaga e inexacta y con plena consciencia de ello.



The Bedlam in Goliath acaba de ampliar la lista de LPs publicados por la banda estadounidense. El 29 de enero salía al mercado un disco que, en principio, no me causaba gran interés después de la primera y única experiencia con la banda. Esto ocurrió en 2003 con De-Loused in the Comatorium. Tras escuchar el primer single en Ingravidez, Inertiatic, pasé de pensar en ?¿pero qué es esto?? a recorrer el disco casi a diario durante un tiempo. Y este tiempo duró apenas un par de meses, porque si algo tienen Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez-López es que con su música son capaces de desquiciar a cualquiera.

No se trata de esa sensación que obligaba a mi padre a acelerar cuando ponía Celtas Cortos en el coche, no, era una mezcla de nerviosismo y ansiedad bajo el compás de un ritmo que pasaba de endiablado a sedante con inusitada facilidad. Un ritmo, por cierto, aderezado por la particular voz de Cedric Bixler-Zabala y, sobre todo, su también peculiar forma de usarla.

De Bedlam in Goliath, el primer golpe se recibe igual. Aberinkula, así se titula el tema que abre, representa una buena piedra de toque. El comienzo es espectacular, intenso como pocos e indescriptible al estilo The Mars Volta. Rock progresivo experimental, se les define a menudo. Un eufemismo, otra manera de decir que el grupo hace lo que quiere, sin muchos límites que saltarse. Combinaciones hasta ahora imposibles, trucos de magia que salen de las seis cuerdas, acompañamiento electrónico acorde al resto de su puesta en escena y una batería que desempeña su papel en la espiral de intensidad. Da la impresión de que los estadounidenses quieren jugar con el común de los mortales que les sigue, probar una reinventada psicodelia en la que los efectos del LSD se transmutan en rituales sonoros no concebidos hasta que se estrenaron en 2003.

Todo en The Mars Volta es arriesgar y Bedlam in Goliath no iba a ser menos. Fieles a su forma de ver la música, el dúo de El Paso (Texas) ofrece de nuevo su cara angulosa y caleidoscópica en un cuarto trabajo con el que se vuelven a tirar con el paracaídas sin revisar. La ventaja, y es una ventaja que crece con los años, es que en las otras tres ocasiones la fórmula no ha funcionado del todo mal y su aterrizaje ha resultado relativamente suave. Otra cosa es que dos meses después su mensaje se pueda soportar sin suplicar casi a gritos un Trankimazin.

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