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Música

lun, 03 mar 2008 - Paranoid

Nick Cave y su banda, The Bad Seeds, publican hoy su nuevo disco, el decimosexto del músico australiano y las semillas, titulado Dig, Lazarus, Dig. La llegada del trabajo al mercado, aunque ya se podía conseguir en Internet desde unos días antes, ha causado la misma expectación que el resto de LPs del artista, un personaje caracterizado por su labor multidisciplinar (música, novelas, cine) y su habitual intrepidez (no sabemos si en su primera o segunda acepción). Cuando Nick Cave anuncia disco, sus seguidores se miran con miedo y los críticos aplauden mientras atisban su posible ataque. Tras la primera escucha, no suele reinar la indiferencia.


Con Dig, Lazarus, Dig, Nick Cave podía seguir varios caminos o bien construir uno nuevo. El álbum tenía la posibilidad de recoger el testigo de Abbatoir Blues, lo que por cierto sería una bendición, recuperar el aire de las citas anteriores, no menos agradable, seguir con el discurso del experimento Grinderman o eso, labrarse una senda hacia otra vuelta de tuerca. Desgraciadamente, la oferta del artista total tiene más que ver con Grinderman (2007) que con cualquier otra cosa.

Dig, Lazarus, DigA los que les guste el Nick Cave de Fifteen Feet of Pure White Snow, The Sorrowful Wife, Dead Man In My Bed o There She Goes My Beautiful World, Dig, Lazarus, Dig, les causará un generalizado sentimiento de decepción. Aunque el australiano se ha labrado a pulso una imagen de siniestro y poco amigo del optimismo, tanto los temas anteriores como otras muchas perlas repartidas entre sus discos se ganaban al público por su fuerza, su sorprendente colorido, su crecimiento hacia una intensidad no esperada que elevaba el ánimo como una droga espiritual. Dig, Lazarus, Dig, tiene momentos, sí, pero en general muestra una línea un tanto rutinaria, como si su misión secreta fuera fortalecer y dar brillo (si se permite la antítesis) a la figura gris y nocturna de su autor.

Albert Goes West representa no sólo uno de estos puntos álgidos sino la cumbre del disco. Sin duda, se trata del tema más potente de Dig, Lazarus, Dig, aunque no cuenta con la intensidad de algunos de los éxitos anteriores. En ella, Cave se vale de su propia voz, unos coros y una guitarra muy uniforme para lanzar un mensaje casi inédito en el resto del álbum. Aparecerá en los recopilatorios del australiano. Al menos en los míos.

Dig, Lazarus, Dig, el single homónimo, también supera el nivel medio del disco pero sin abrir grandes distancias. Este primer sencillo es una canción fácil que conjuga el oscurantismo dominante con cierto aire divertido al que da alas el propio título. Directo pero un poco desilusionante.

Lie Down Here (And Be My Girl) podría competir con Albert Goes West en cuanto a calidad, vista esta siempre a través del prisma con el que se ha juzgado todo el LP. Recuerda de alguna manera a Get Ready For Love, aunque no alcanza la magnitud de esta última. El piano, más presente aquí que en otras pistas, promueve una alianza con los elementos comunes al disco para formar una imagen con algo más de sonoridad.

Precisamente sonoridad, aunque sea menos presente que lo habitual en otros trabajos, es lo que también salva a Hold On To Yourself del nivel medio mostrado por Cave y su banda en esta última aparición. El tema presenta una guitarra lejana que se complementa con un efecto reconocible, como de puerto ajetreado en los confines de un día cualquiera. De nuevo, no alcanza a Albert Goes West pero pasaría como una de esas composiciones aceptables de Abbatoir Blues. Y eso, hoy en día, es mucho decir.

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