Trepidante. Así se podría resumir, a grosso modo, En el punto de mira (Vantage point en el original). Si estáis buscando una película de acción, sin efectos secundarios, plana en su justa medida y sin complicaciones, ésta debe ser vuestra elección.
La película narra el intento de asesinato del Presidente de Estados Unidos durante una cumbre internacional sobre el terrorismo que transcurre en Salamanca -sí, Salamanca, donde los papeles- y tiene la particularidad de estar contada bajo ocho puntos de vista diferentes, construyendo la historia en sí a través de las distintas impresiones que cada personaje tiene del atentado.
La trama en sí es muy fácil. Incluso podría decirse que está cogida con hilos y es hasta endeble. Poco verosimil. Redunda en esa idea tan americana de verse como un país odiado allá donde vaya y se inventa una conspiración extremadamente complicada que depende de demasiados factores como para tener éxito. No obstante, el hecho de según cuál es la perspectiva generar enigmas e incógnitas, e ir desgranándolos poco a poco hace que te mantenga en vilo desde el principio hasta el final.
Independientemente de que la cinta sea localista hasta más no poder, por supuesto. A un espectador de Wisconsin o a uno de Oslo probablemente les de igual, pero oye, hay que reconocer que cualquier españolito de a pie ver tanta carga de banderas españolas, incluso alguna de Castilla y León tiene que hacerle ilusión. Pese a que en Vantage Point ocurre lo que ocurre siempre que se intenta simular España en una película yankee: todo tiene ese tufo insportable a mexicano.
Y es que en esta ocasión toda la película está grabada en Puebla, con extras mexicanos haciendo de españoles, así que fuera aparte de la calidad de la historia, ver esas casas de colores, esos acentazos o esas falsas gorras de los policias nacionales va a provocar, cuando menos, más de una risa.

En cuanto a los actores, hay que reconocer que han aunado un elenco de estrellas más que interesante: Dennis Quaid, William Hurt, Sigourney Weaver, Forest Whitaker, Matthew Fox (nuestro querido Jack de Lost) y Eduardo Noriega, que yo exactamente no sé qué narices pinta en la película, porque su personaje, un policia local, no aporta absolutamente nada. Supongo que tiene un buen representante y le coló de rondón, porque si no no se explica.
No sé si leyendo estas líneas os están entrando ganas de ir al cine o no. Tengo mis dudas. A medida que escribo voy encontrándole fallos y no fallos nimios o pasables, sino fallos de importancia que hacen que me plantee que si lo que vi anoche valio los siete euros gastados o no. Sin muchas elucubraciones os diré que sí, que a mí la película me gustó mucho, me mantuvo en vilo y que como un ejercicio de nihilismo cinematográfico, merece la pena. Eso sí, que nadie intente retorcerla o desnaturalizarla, porque entonces Vantage point simplemente se quedará en una película vacua y errática.
Para una noche de palomitas y cocacola sí. Para un cineforum, no.
