El pasado uno de abril, R.E.M. publicaba su último disco, Accelerate, un álbum que ocupa el décimocuarto lugar en la lista de los estadounidenses y que, para muchos, responde a una vuelta a los orígenes de la banda. Once canciones cortas (35 minutos en total), directas, grabadas con rapidez, como los propios miembros de la banda destacan, y producidas por uno de los profesionales más en forma del mundo musical, Jacknife Lee. Hasta aquí los datos, ahora las divagaciones.
A pesar de ser una de las formaciones con más reconocimiento y tradición, a pesar de que el nombre de R.E.M. signifique algo así como calidad y honestidad musical, sobre todo honestidad, el trío de Georgia (EE. UU.) siempre ha tenido un hueco de honor en mi batiburrillo de “grupo de canciones”, es decir, ese tipo de bandas con temas interesantes pero cuyos discos nunca cumplían con las expectativas.
El caso de R.E.M. era casi doliente. Nunca pude entender como clásicos como Man on the Moon, Loosing My Religion, Radio Free Europe o It's the End of the World As We Know It (sobre todo esta última) no se enclavaban en un marco adecuado, en un LP que me fascinara tanto como estos éxitos. Lo intenté, que duda cabe, pero creo que con Reveal (2001) perdí por completo la paciencia. La esperanza, sin embargo, renació mínimamente con Animal y Bad Day, dos canciones grabadas en exclusiva para su recopilatorio In Time, y se desvaneció de nuevo con Around The Sun (2004), un trabajo que no reunió halagos de la crítica y del público. Al menos no como los anteriores.

¿Qué ocurre con Accelerate? Pues que de repente la concepción ha cambiado. Un giro copernicano aplicado a la forma de entender a una banda. Accelerate es esencialmente un disco, una personalidad repartida en once pistas que en conjunto ganan tanto como lo que pierden por separado. Es un todo, es redondo y es fácil de escuchar sin saltar de aquí para allá. Y con R.E.M. es la primera vez que me ocurre.
Desde que te presentas y mantienes la primera cita, Accelerate suena mucho a What's The Frecuency, Kenneth? (Monster,1994), es decir, ligera aspereza, guitarra predominante, algo de distorsión y Michael Stipe en su papel de solista-parte visible. Sorprende el camino al lado del rock que los estadounidenses han decidido tomar, un itinerario que no tocaba, por lógica, por años en esto y por madurez, pero que han decidido recorrer. Salvo para alguno que ahora disentirá, esto no era muy previsible y, como en tantas ocasiones, hay que dar las gracias a los que se aventuran, se arriesgan o, simplemente, hacen algo que poca gente espera.
Aunque es díficil desgranar un todo en pequeños fragmentos y elegir los más destacados, hay algunos temas que destacan por encima, de manera muy sutil, del resto de compañeros de cd. I'm Gonna DJ es el primero y el más paradigmático. Es corto, golpea desde el primer segundo, se desborda de potencia, asombra por la solidez de sus guitarras y muestra a un Stipe en plena forma. Y todo esto se podría aplicar a canciones como Man-Sized Wreath, Horse to Water o, en menor medida, el single Supernatural Superserious. A estas alturas, toda una revelación.
