Si alguno de vosotros ha escuchado recientemente el nombre de Corman McCarthy se deberá, seguramente, a que la película No es país para viejos está basada en uno de sus libros. Sin embargo, Corman McCarthy tiene méritos propios para ser conocido y valorado más allá de la película de los hermanos Coen. McCarthy es uno de los escritores de culto en la Norteamérica actual y comparte con alguno de sus compatriotas, como J. D. Salinger, un carácter huraño y esquivo que le ha mantenido, a pesar del reconocimiento y de los premios, alejado de la escena pública.
Los libros de McCarthy se caracterizan por ser violentos. Muy violentos. La prosa de McCarthy es en sí misma agresiva, cruda y en ocasiones algo áspera para el lector. Sus novelas carecen de adornos y nos presentan una historia desnuda en la que sólo tienen relevancia los impulsos primarios y las emociones básicas de los protagonistas.
Su último libro, La carretera, premio Pulitzer 2007, cumple en parte con lo que se espera de este autor. El relato es duro y austero. Un hombre y su hijo, de los que ni siquiera conocemos los nombres avanzan por una carretera. A su alrededor, sólo un paisaje yermo, un mundo destruido, quizás por una guerra. Lo único que les impulsa a avanzar es la tenue esperanza de encontrar en el sur un lugar más cálido para sobrevivir. En su viaje, los dos personajes tendrán varios encuentros desesperanzadores, tanto con los restos de un pasado irrecuperable como con desoladoras muestras del sombrío presente.
Puede reprocharse a McCarthy que la idea de La carretera no es original. Los paisajes yermos y ennegrecidos, los restos caóticos de la civilización, los supervivientes convertidos en animales nos remiten a historias bien conocidas, como Mad Max o mi admirada El país de las últimas cosas de Paul Auster. Sin embargo, la novedad y el acierto del relato de McCarthy están en los protagonistas: un padre que encarna la resistencia del hombre a perder la humanidad y un hijo que trata de mantener la inocencia en un mundo en el que ésta ya no existe.
Estos dos personajes se convierten para el lector en su guía, en su referencia. Gracias a ellos, por respeto a ellos, somos capaces de proseguir tan amargo viaje. Al mismo tiempo, la pareja protagonista sirven de contrapunto para hacer más desoladora la experiencia. La violencia, la soledad, el vacío parecen todavía mayores comparándolas con la insignificancia de los protagonistas.
Es uno de los libros que más me ha gustado ultimamente. Descorazonador y desconcertante, eso sí...
Escrito por La Mujer Tirita el dom, 11 may 2008
A ver, Tirita, yo no me creo que siempre que se habla aquí de libros tú te los has leido... ¿cómo lo haces?
Desentraña tus secretos.
Escrito por Ultrasónica el lun, 12 may 2008
Emmmhhh... pues no sé...supongo que es por la ausencia de vida social... o a lo mejor es la vocación de bibliotecaria, o el metro de Madrid, que culturiza mucho (ya verás).
Escrito por La Mujer Tirita el mar, 13 may 2008
Uno de los mejores libros que tuve ocasión de leer el año pasado..
brutal, vamos.
Escrito por Diana el mié, 14 may 2008
ale, otro más a la lista de pendientes... a mi meseacumulan....
yo no me imagino a tirita sin libro la verdad...
Escrito por halo el mié, 14 may 2008