No voy a comentar nada de que el domingo por la tarde, en el Vips de calle Génova, haya comprado por primera vez una revista dedicada a la decoración del hogar, ni de que en estos mismos momentos esté procediendo a instalar un pograma de diseño de interiores. Si alguien quiere mofarse de mí puede emplear los comentarios o mandarme un mail intimidatorio. No sería el primero.
En lo que sí voy a perder tiempo es en comentar la pérdida de tiempo (sí que soy gracioso cuando quiero, sí) que me supuso ayer visitar la exposición The bodies (números 5 y 7 de la calle Goya) acompañado de mi señora, su hermana y su pareja, a la sazón mi futuro cuñado y sin embargo amigo.
Lo primero es decir que los diecisiete napos y medio que cuesta el invento (y eso por ser fin de semana, que el resto de días es más caro) ya me parece un precio más de beluga que de caviar El hacendado. Que sí, que la cosa es cara de narices y no sé a ciencia cierta por qué, que yo siempre había pensado que las exposiciones están para enseñar y formar, más que para sacar pasta. Que manda narices, la visita al Museo del Prado es más barata, y tiene más chicha.
Porque aquí, que esa es otra, enseñar enseñar, lo que se dice enseñar, una o ninguna. Seis salas, cada una de ellas con un motivo (músculos, huesos, sistema nervioso, aparato digestivo, la fecundación y un señor fileteao) en las cuales puedes ver supuestos trozos de cuerpos humanos reales como la vida misma, de carne y hueso (nunca mejor dicho), pasados por un proceso por el cual pueden mantenerse inmaculados unos cien años. Nada más y nada menos, aunque sea a riesgo, como ocurre, de parecer de cartón piedra.
Aparte, unos cuantos humanos en posiciones atléticas, que quizás es a lo que más bombo se da, pero que no dejan de estar en posiciones maniqueístas y que no instruyen absolutamente nada. Porque o vas acompañado de Dexter o de tu prima que está en tercero de Medicina y ya ha aprobado Anatomía I y Anatomía II, o no te enteras de una mierda a no ser que decidas leerte la señalítica infumable que hay junto a cada trocitocarne. Todo el recorrido carece de escenas o ejemplos en los que puedas decir realmente pardiez, o sea, que ésto es así por tal o aquello ocurre por eso otro, con lo que te quedas con la impresión de simplemente estar viendo un atrezzo cualquiera, sin valorar -positivamente- que aquello sean cuerpos de verdad.
No sé. Ultrasónica y su hermana se tiraron dos horas allí metidas, y salieron encantadas. Mi cuñado y yo disfrutamos de un helado del Haagen Dazs que hay al lado de la exposición y anduvimos viendo culos ajenos durante un rato. No fue muy instructivo, cierto es, pero al menos nos salió más barato.
Si no os he convencido, aún estáis a tiempo de valorar por vosotros mismos...

Vaya... pues yo me cogí un cacharro de esos que te explican cosas y me pareció de lo más interesante... y demás bonito, que el sistema circulatorio, lo pondría yo en mi salón.
Escrito por La Mujer Tirita el lun, 12 may 2008
último día que te sacamos del bar para ver algo de cultura... ay, estos hombres
Escrito por Ultrasónica el mar, 13 may 2008
JAJAJAJAJA
Nunca pensé que al ponerte cara fuese esa, Ultrasónica, jamía...
Escrito por La Mujer Tirita el mar, 13 may 2008