Ayer asistí a un ensayo general con público de Un episodio nacional, una obra de teatro creada a partir de los Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdós, para los actos de conmemoración del Dos de Mayo. Durante dos horas y media asistí a un homenaje al célebre escritor español, en el que mediante un hilo conductor similar al que él utilizaba en sus novelas nos cuentan los hechos acaecidos en España en aquella convulsa época hasta llegar al que es punto y final, los fusilamientos.
El elenco es la envidia de cualquier obra. Está compuesto por 40 actores, muchos con nombre propio: Carlos Álvarez Novoa, María Valverde, Jesús Noguera y Chete Lera, entre otros. Todos ellos están dirigidos por Juan Carlos Pérez de la Fuente que hace un trabajo de encaje de bolillos para componer la escena. El tratamiento que ha dado a la obra es muy contemporáneo. Sin llegar al moderno teatro de vanguardia, sí que podremos ver muchas cosas que nos recordaran a éste.
Mi valoración personal es muy positiva. Este Dos de Mayo en el que los madrileños se revolvieron contra los franceses me hace pensar que quizá es necesaria otra revolución, pero, esta vez, de carácter cultural. Y es que, aunque nunca he sido un salvapatrias, y el concepto patria siempre me ha parecido muy relativo, tan mal me parece un extremo como el otro. Creo que en España, país cainita, tendemos a tirar por tierra todo lo nuestro, sobre todo cuando hablamos de manifestaciones artísticas.
Ha llegado el momento de que partamos una lanza en favor de nuestros artistas, que reivindiquemos nuestra memoria cultural. Parece mentira que, después de que se haya incluido a muchos españoles en el listado de los mejores escritores de todos los tiempos en lengua castellana, aún nos avergüence decir que nos gusta algo que no sea extranjero. Y es que, mal que les pese a muchos y sin quitar mérito a los grandes de otras lenguas, que por supuesto que los hay, durante mucho tiempo este fue el país del teatro, donde los jóvenes se agrupaban a sus puertas para conseguir entradas e, incluso, se llegaba a utilizar la navaja si alguien se te intentaba colar cuando Lope presentaba algo nuevo. Eran otros tiempos...
Por todo esto creo que este homenaje a Galdós, otro denostado injustamente por los que ahora van de leídos, es más que necesario. Por él, por ellos, por todos nosotros.
No se pierdan esta obra que podrán ver hasta el día 28 de septiembre en el Albéniz.
