Entre a ver La carrera de la muerte sin ninguna pretensión y aún asi me decepcionó profundamente. Sé que no es una película de arte y ensayo, que el director está lejos de ser Haneke o Gondri. No es eso lo que buscaba y, lógicamente, no es eso lo que encontré. Me ha costado muchas discusiones defender mi punto de vista sobre el cine de evasión y entretenimiento. Parece que mucha gente no quiere, o no sabe, diferenciar entre el cine con pretensiones artísticas y el cine que tiene como mero objetivo que nos olvidemos del trabajo, de los problemas y que estemos una hora y media metidos entre explosiones, risas y frases tópicas. Para mí está claro que son dos tipos distintos de cine y que, según el momento, te puede apetecer uno u otro. Así, por ejemplo, y por mucho que con el tiempo algunos quieran hacernos ver lo contratrio, Mad Max nos trasladaba a ese mundo apocalíptico lleno de gente despiadada y en el que el bueno ganaba por el mero hecho de ser el bueno. Personajes arquetípicos en un escenario arquetípico, justo lo que buscamos los días en que nuestras neuronas han trabajado demasiado en otras cosas.
La carrera de la muerte pretende ser un remake de La carrera de la muerte del año 2000, aunque se queda sólo con algunos detalles de ésta: el nombre del protagonista y las carrreras de coches. Mientras la pelicula de 1975 nos presentaba un futuro improbable en el que una panda de locos competía en un concurso televisivo que los hacía correr de costa a costa de EEUU atropellando gente para acumular puntos, ésta nos presenta unas carreras de vehículos armados, también para televisión, en el patio de una carcel. Desgraciadamente, lo políticamente correcto ha impedido que lo que le daba cierta gracia a la primera versión sea recuperado. Así, se nos presenta una tópica historia con los peores elementos del cine americano del momento: un hombre injustamente acusado y encarcelado por un crimen no cometido que sólo compite movido por el ansia de justicia; movimientos de cámara constantes en los que hasta los planos detalle tienen travelling y que logran marearnos en algunos momentos; y mujeres florero que tienen como única misión adornar la pantalla con sus curvas. Para colmo, el otro preso que se une al plan del protagonista tampoco es malo, ya que cada vez que mata a alguien se mutila con una cuchilla para recordar que Cristo decía que no hay que matar.
A los mandos de este coche sin dirección Paul W.S. Anderson, que ya nos demostró su forma de hacer en Resident Evil y en Alien vs Predator, una realización que nos recuerda constantemente a un videojuego y nos hace pensar en si la pelicula estará pensada para realizar la adaptación a las consolas. No quiero imaginar cómo tiene que ser un rodaje con este hombre pero los pobres operarios que monten los carriles para los travelling se ganan muy bien su salario, porque no hay plano en el que no lo ultilice. De cómo rodar persecuciones de coches quizá debería de haber preguntado algo Frankenheimer, Ronin, o a cualquier director de los 70 de aquellos que hacían saltar coches por las rampas de San Francisco y que nos permitían ver la evolución de los vehículos sin mover la cámara como si estuvieran manejadas por monos locos. El montaje sin duda tiene mucho trabajo, otra cosa es que sea un trabajo bueno o malo, y es que parece que estuviera hecho con una mesa de DJ.
En cuanto al reparto, Jason Statham está en su papel. No puede dar más porque la verdad es que el personaje no lo permite ¿Por qué se han empeñado en que este hombre sea el conductor oficial de Hollywood? Creo que demostró en Lock, Stock and Two Smoking Barrels que es capaz de algo más. La presencia femenina queda reducida a un puñado de mujeres floreros con el unico fin de lucirse en carrera y a la malísima alcaide, o alcaida, vete tú a saber cómo se dice ya, Joan Allen que con tres nominaciones al Oscar nos recuerda que la oferta de papeles interesantes para una actriz americana de más cincuenta años es inexistente y que tienen que coger lo que les ofrecen.
En resumen, una película mala, con movimientos de camara que me recuerdan que me estoy haciendo mayor y que la tan criticada generación MTV cinematográfica no era tan movida como pensábamos. Una vez más me quedo con la versión orginal que era una gamberrada que lo único que pretendía era que lo pasáramos bien hora y media.
