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sáb, 04 oct 2008 - El Abuelo

13,99 me encantó. El amor dura tres años me gustó, sin más calificativos, pese a todas las críticas negativas que tuvo. El típico libro que olvidas a los seis o siete meses. Windows on the world me ha parecido un tostón insufrible.


Y es que empiezo a pensar que Frédéric Beigdeber, de quien no dudo su capacidad de juntar letras, se ha centrado de un tiempo a esta parte en su faceta de star system, presentador de televisión, superventas y tal, y se ha olvidado de que, a la postre, a quien tiene que satisfacer es al lector. Y no a su ego.

Windows on the world es un relato del atentado a las Torres Gemelas. De hecho toma su nombre del de un restaurante ubicado en la planta ciento y pico de una de las dos torres (no me hagáis buscar el número exacto, anda, preguntad a google -si ya se ha recuperado de su cumpleaños-). La característica principal de la novela es que el atentado está visto desde dos puntos de vista diferentes. Por un lado el de Carthew Yorston, un americano medio que ha ido con sus dos hijos a pasar la mañana, y por otro el del propio Beigdeber.

Cada capítulo narra un minuto de la historia, desde poco antes del primer atentado, hasta el final que ya todos conocemos. A medida que van pasando los capítulos vamos viendo las intensas sensaciones de Yorston y sus dos hijos viendo cómo se avecina el desastre, replanteándose -como si de un flash se tratara- cómo ha sido su vida hasta entonces, qué han hecho, y qué les falta por hacer. Beigdeber por su lado aparece como si de un cuarto personaje se tratara poniendo su existencia en paralelo a la de Yorston, comparándose. O si queréis extrapolarlo a más altos niveles, comparando el modo de vida americano y el francés. O el europeo.

Hasta aquí, estaréis conmigo, todo interesante. El planteamiento puede ser hasta bueno. Lo que ocurre es que la parte en la que Beigdeber aporta sus juicios de valor, en los que intenta argumentar, defenestrar el american way of live -y por ende el estilo de vida globalizado- es un coñazo como la copa de un pino. A mí, personalmente, la opinión de este señor, en medio de una novela, me importa un pimiento. Si quiero leer un ensayo, leo un ensayo. Pero que no me disfrace como novela algo que no lo es.

O incluso, tal vez no llegue ni a la categoría de ensayo. Puede que Windows on the world se limite a ser un mero desahogo del propio autor, que en vez de pagar una hora a la semana de psicólogo, prefiere contarle sus penas a los lectores. Pardiez, que se haga un blog y así la gente no tenemos que pagar por leer sus traumas.

Además, si te paras a pensar, Frédéric lo único que hace es seguir el ejemplo de otros grandes escritores que se emplean a sí mismos como personajes, ficcionando su propia existencia. Y con todos mis respetos, Lunar Park sólo se puede escribir una vez.

 

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