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jue, 20 nov 2008 - G. Samsa

"¿Y por qué merece morir ese hombre?"

"Porque la guerra es cosa suya. Es un producto de su imaginación, y todo lo que ocurre o está a punto de ocurrir se encuentra en su cabeza. Si se elimina esa cabeza, cesará la guerra. Así de sencillo."

"¿Sencillo? Según lo describe usted parece Dios." 

"No es Dios, cabo, sólo un hombre."

Owen, un mago de segunda despierta en un pozo, vestido de soldado, sin saber dónde está ni que hace allí. Cuando lo sacan se encuentra en otra América, distinta a la que dejó cuando se fue a dormir. Los Estados Unidos que están en guerra consigo mismos desde hace años. El mundo que el conocía aún existe, pero para poder volver a él Owen tiene que matar a un hombre.

Podría ser H.G. Wells, podría ser Ray Bradbury, podría ser Orwell, pero no, es Paul Auster.
 
Siempre he pensado que H.G. Wells era un claro ejemplo del novelista que tiene buenas ideas, pero cuya escritura no tiene nada especial, cada vez que he leído una novela suya he pensado que era una verdadera lástima que el hombre no hubiera sabido o podido desarrollar mejor sus historias, sacarles aún más jugo. Me doy cuenta de que cuando fueron escritas esas novelas, el mero hecho de publicar ese tipo de ideas (el hombre invisible, la guerra de los mundos), ya era suficiente, pues era rompedor, arriesgado, necesario. Otros han venido después para coger esos hilos que dejaron escritores como Wells o como Bradbury y transformarlos en literatura. Además ocurre que el mundo se ha movido mucho desde entonces (eso no quiere decir que haya progresado) y el mismo significado de la expresión "ciencia-ficción" (refiriéndose a algo posible quizás, pero poco probable dada la situación) se ha visto desplazado a tal velocidad que cuesta pensar en algo que no sea posible, ya no basta con lanzar una idea al viento, hay que tirar de ese hilo y transformarlo en algo más.
 
Un hombre que imagina una guerra provoca de manera inexorable que esa guerra tenga lugar, arrancando a millones de personas de sus vidas para lanzarlas a una lucha que sólo tiene sentido dentro de su cabeza. Os suena? llamaríais a eso "ciencia-ficción?"
 
Ese parece ser el punto de partida de Un hombre en la oscuridad: August es viejo, está enfermo y ha perdido a su mujer. Padece de insmonio recalcitrante , como a renunciado a la bebida, pasa las noches inventando historias para evitar recordar todo lo que ha perdido, intentando olvidar (lo bueno y lo malo). La historia de Owen tiene buena pinta, llega un momento, incluso, en que el propio narrador se convierte en un personaje de ficción dentro de la historia secundaria y la trama se complica, pero al final todo queda en nada, como si para el autor lo único que tuviera sentido fuera contarnos las aburridas y previsibles alegrías y penas de August, y no lo que es capaz de hacer el hombre cuando se deja llevar por la imaginación y se abandona, libre, a la oscuridad. En vez de eso, la última novela de Auster se centra cada vez más, y finalmente de manera irrevocable, en la historia de August, sumiéndonos en sus desdichas y en las de su hija y nieta y nos las cuenta con una mezcla de desapego y profusión de detalles a veces un poco cansina.
 
La metaliteratura es un recurso muy usado por algunos escritores, entre ellos Auster y permite crear mundos dentro de otros, historias dentro de las historias dentro de las historias, pero eso de por sí no garantiza nada, todo depende de cómo se haga. Es necesario que cada historia tenga entidad por sí misma, sentido propio. Es necesario que cada una tenga su espacio, que te cautive y te haga olvidar la historia que la rodea o que se esconde en su fondo. Y también es necesario que la conexión entre unas y otras sea sólida y conocida, no gratuita y endeble. Auster ha hecho eso otras veces con verdadera magia (La noche del oráculo), pero, en esta ocasión, se queda en un mero esbozo que yo no calificaría ni de intento, pues no creo que lo haya intentado realmente, creo que ha renunciado a hacerlo, a dedicarle ese esfuerzo.
 
Lo que más me gusta de los autores que me gustan (como escritores, más allá de obras concretas) es que en cada cosa que escriben se nota que han dado todo lo que tenían en ese momento, que se han entregado, y que la vez siguiente es mejor, que se superan a sí mismos, que son exigentes y que aprenden, que no pueden evitar querer más. Un hombre en la oscuridad no es una mala novela, pero si has leído Leviatán, si has leído Mr. Vértigo, sabes que Auster es capaz de hacerlo mejor, mucho mejor y te preguntas por qué no lo ha hecho. Una verdadera lástima.
 
Me ha dado por pensar que quizás no voy tan errada en mi falta de fe en los humanos seres y su humana manera de hacer el mundo un lugar cada vez más inhabitable, cuando alguien que escribió no hace tanto El libro de las ilusiones tiende cada vez más a no poder escapar de la decepción, del pesimismo, de la desolación ante el envejecimiento. Supongo que cada vez resulta más difícil escribir ficción, pues todo lo que uno puede imaginar lejano, irreal, imposible, se vuelve probable, plausible, amenazadoramente cercano con sólo encender el televisor, así que, una y otra vez, los protagonistas de sus novelas se quedan atrapados en las excusas, en la apatía, en la desidia, pegados a la realidad sin poder huir de ella, sin querer huir de ella, aceptando que no tiene sentido aventurar "¿qué podría pasar si...?", pues tienen la certeza de que la realidad nos lo mostrará en breve, o, peor aún, de que, salvando sutiles diferencias, ya lo está haciendo.
 
A mí me encanta leer, es de lo poco que consigue sacarme de la realidad y llevarme a otro mundo (y no importa que ese otro mundo sea muy parecido a éste) y quizás por eso soy exigente, sólo las buenas novelas hacen que me olvide de todo, que me olvide incluso de que estoy leyendo. Creo que no soy la única que se ha quedado decepcionada, con una sensación de "más de lo mismo", tras el aburrimiento tenso que provoca estar leyendo algo que sabes que, si fuera de otro, habrías abandonado a un lado hace rato, porque no te dice nada que no sepas, nada que no hayas leído antes (en este caso, escrito de la misma mano). Sí, llegas al final porque la novela es corta, porque se lee fácil y porque tienes la esperanza que al final todo valdrá la pena, pues como he dicho, tiene cosas buenas, pero eso no llega.
 
No hay duda: ese punto en el cielo que se acerca cada vez más no es Superman, es un avión.

Un hombre en la oscuridad

Paul Auster

Anagrama

207 págs.

 17 €

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