Con la que está cayendo en la calle, y lo poco que apetece salir, hagamos un hueco al DVD. Y qué mejor título para estas fechas y una tarde de fin de semana que “53 días de invierno” –sin menospreciar, por supuesto, a Regreso al Futuro y La Princesa Prometida-.
La última obra de Judith Colell, directora de Nosotras y El día de los sentidos, narra la historia de tres personajes que coinciden una tarde de invierno en una parada de autobús. Ningún nexo más entre ellos en toda la película salvo los sentimientos de culpabilidad y perdón que se entrecruzan en torno a tema común.
Bajo la piel de Mila (Mercedes Sampietro), una profesora que ha estado un año de baja tras sufrir una agresión por parte de uno de sus alumnos; Celso (Alex Brendemühl), guardia jurado, casado, padre de un hijo y con graves problemas económicos y esperando gemelos; y Valeria (Aina Clotet), estudiante de violonchelo, con una compleja relación familiar y amorosa, se desatan miedos y sentimientos encontrados.
Al final no es más que una historia cotidiana, donde la soledad cobra especial sentido y el de injusticia aún más. Miserias de la vida, muy de actualidad: ancianos desatendidos, mendigos que nadie ve, problemas económicos que asfixian las relaciones sentimentales, divorcios fruto del egoísmo, los miedos de la sociedad moderna, la falta de medios, la imagen pública, el qué dirán. Todos ellos son recursos tocados en esta película de ritmo pausado y silencios que dicen más que muchas palabras. Un film austero para un momento social austero, lleno de individualismo y falto de generosidad.
"Si te das por vencido en invierno, te habrás perdido la primavera, el verano y el otoño". Nunca hay que dejar de luchar.