Ahora que vivimos tiempos de histeria global, infecciones sin control televisadas en tiempo real y pandemias generalizadas, qué mejor que recomendar una serie (miniserie, en realidad), que reúne dos elementos que encajan como un guante en este escenario: los zombies y Gran Hermano.
Y no, aunque lo penséis, por ella no desfila ni Mercedes Milá, ni Pepe Navarro, ni tampoco ese entrañable Íñigo recién escapado del frenopático. Dead Set es una producción británica del año 2008 que aprovecha el inagotable filón de los muertos vivientes para darle una vuelta de tuerca y ambientar la historia en los estudios donde se graba el celebérrimo “Big Brother”.
Es asombroso cómo un subgénero como el de los zombies, con una premisa tan banal y un recorrido esquemático conocido por cualquiera, sea capaz de seguir sorprendiendo al espectador con productos tan bien acabados como 28 días después o esta Dead Set.
La historia, la de siempre: un brote infeccioso de origen desconocido convierte a quienes se exponen a él en aterradores muertos andantes y hambrientos de carne fresca, humana a poder ser. Cada mordedura amplía hasta el infinito el número de estas voraces bestias, mientras un grupo de supervivientes trata de escapar al contagio. En esta ocasión, son los habitantes de la casa televisiva, aislados del mundo para lo bueno y para lo malo, quienes se afanan por esquivar la plaga de zombies que se agolpa en las puertas del estudio.
Se trata de una serie corta, muy corta, de apenas dos horas de duración, algo que no le impide desarrollar un brillante discurso en el que, entre susto y susto y con enorme sentido del humor, arremete contra la televisión basura y los aborregados espectadores que la consumen/consumimos.
Un aviso, el mismo que aparece al comienzo de cada episodio: absténganse estómagos sensibles y poco habituados a la casquería en pantalla. El resto, a disfrutarla.
