El Festival de Cannes ha recompensado el último trabajo de Michael Haneke, Das Weisse Band, con la Palma de Oro, el mayor reconocimiento que el director austriaco nacido en Alemania consigue gracias a su sólida y desasosegante filmografía. Me van a disculpar pero tenía cosas que hacer y no me he podido desplazar hasta la Costa Azul para poder ver su nueva cinta, que al parecer retrata con su habitual tono seco la infancia de la generación que protagonizaría años después la II Guerra Mundial. En septiembre la tendremos por aquí, ya juzgaremos entonces.
De momento, la excusa del premio me sirve para repasar una carrera cinematográfica con la que Haneke ha escarbado en los rincones más oscuros y enfermizos de la sociedad que nos rodea. Con su primer largometraje para la pantalla grande (la televisión había ocupado antes su actividad profesional) inicia una especie de trilogía que se apoyaba en noticias sacadas de los periódicas para sacudir al espectador con una dosis de realidad difícil de digerir. El séptimo continente apuntaba ya lo que acabaría definiendo el estilo austero y falto de florituras del cineasta austriaco en una historia que retrata la descomposición de una familia aparentemente normal mientras sigue adelante con sus anodinas existencias.

Su siguiente película, El vídeo de Benny, puede verse casi como un borrador de lo que, unos años más tarde se convertiría en su obra maestra hasta la fecha: Funny games. Dos estudios de la maldad extrema y de la obsesión que la muerte -encarnada en el asesinato- provoca en los más jóvenes. Esta última la repitió, plano por plano pero con un casting más resultón, en un innecesario remake que le sirvió, eso sí, para ampliar de forma exponencial el público al que dirigirse. Un público al que antes se encargó de remover las tripas con la, para muchos aberrante, La pianista.
No todo son aciertos en Haneke, eso sí. En ocasiones derrapa en su hermetismo y ofrece una ración de frialdad y desconcierto en títulos como Código desconocido o El tiempo del lobo que, pese a todo, merecen un repaso por parte del espectador.
