Directores como Jacques Tourneur ya se habían acercado a estas criaturas, pero fue el maestro George A. Romero quien, en 1968, escribió las normas que prevalecen todavía hoy. La noche de los muertes vivientes es la Biblia en la que se han basado las innumerables copias, secuelas, adaptaciones y homenajes posteriores. Sin hacer grandes alardes de memoria encontramos en los últimos años Amanecer de los muertos, Shaun of the Dead, Dead Set, 28 días después (aunque, como muy bien precisaba Enjuto Mojamuto, aquí no aparecen zombis, sino infectados) o Zombieland.
La literatura también ha sacado partido de un género que, pese a basarse en unos seres de comportamiento más bien limitado, sabe encontrar en todo lo que generan a su alrededor (mundos postapocalípticos, personajes al límite o paranoias conspiratorias) argumentos para que el interés no decaiga. Ahí tenemos todo un acontecimiento patrio como Apocalipsis Z, de Manuel Loureiro, para confirmarlo.
Pero al lío, que me pierdo. Y el lío es una nueva veta que ha comenzado a explotarse en este fértil terreno y que garantiza sesiones de carcajadas e incredulidad. Seth Grahame-Smith ha sido el espabilado escritor que ha inaugurado una nueva corriente que consiste en revisar clásicos de la literatura añadiendo por el camino un buen puñado de muertos recién salidos de sus tumbas. En Orgullo y prejuicio y zombis hace suya la historia de Jane Austen para, casi sin salirse del original, imprimirle un tono que bascula entre el delirio y el surrealismo.
Nos encontramos, de esta forma, con el relato del amor entre Elizabeth Bennet y el señor Darcy en el rígido escenario de la Inglaterra decimonónica que sigue paso a paso la estructura de la novela de Austen, aunque con matices. Como que las cinco hermanas Bennet posean una exquisita formación de combate y empleen sus habilidades ninja para combatir la plaga de “innombrables” que sufre el territorio. O las luchas a muerte (literales) que protagonizan con quienes pretenden entorpecer sus planes de matrimonio.
El original planteamiento del libro no esconde problemas como el encorsetamiento que se autoimpone el autor por no abandonar en ningún momento el modelo original. Está muy bien mezclar bailes de gala con ataques de zombis ávidos de cerebros, o cadáveres putrefactos que son arrollados por elegantes calesas, pero en demasiadas ocasiones se echa de menos un mayor atrevimiento para alejarse del primer Orgullo y prejuicio, más allá de lo que suponen estas desquiciadas y muy reconfortantes píldoras.
De cualquir forma, la idea de Grahame-Smith ha cuajado y el éxito de la novela ha venido acompañado por el anuncio de una adaptación cinematográfica con Natalie Portman en el papel principal, además de un rosario de proyectos con un corte parecido. Sentido y sensibilidad y monstruos marinos es sólo el primer ejemplo.
